Gracias al consumo diario de las fibras que suelen escasear no solo en las dietas adelgazantes tradicionales sino también en la alimentación irrestricta, esta dieta permite adelgazar al disminuir la absorción calórica por el aumento del tránsito intestinal que produce.
Por el mismo motivo, evita el “intestino perezoso” y produce una sensación de saciedad que disminuye el apetito y hace más fácil mantener la dieta.
Lo ideal sería añadir unos 7 g. de fibras a nuestra alimentación cada día, a través del consumo de salvado al natural (equivalente a nueve cucharadas soperas de salvado en copos).
Estas fibras deben consumirse distribuidas proporcionalmente en las tres comidas del día; es decir, ingiriendo 1/3 de ellas en el desayuno, la misma cantidad en el almuerzo y el úlltimo tercio en la cena.
La única salvedad: si no estás acostumbrado al consumo de fibras, deberás pasar por un período de adaptación; por ello, la cantidad de fibra va aumentando día a día y en caso de adoptar la dieta por más de 5 días los menúes que deben repetirse son los apuntados en el día a día.
Este régimen no debe prolongarse por más de dos semanas, y siempre con supervisión médica tanto antes de comenzar a realizarla como al final.
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