MÁS DURADEROS, PERO MENOS SABROSOS Y NUTRITIVOS



Con el crecimiento de las ciudades se generó el problema de la alimentación del hombre urbano, ya que las distancias entre las zonas productoras y los consumidores comenzaron a ser mayores, antes la gente vivía en el campo o en las cercanías. Los alimentos estaban al alcance de la mano: eran frescos, tenían color, aroma, gusto. La cantidad de habitantes en el mundo se triplicó. La comida pasó a ser un tema industrial. Y así, ante la necesidad de una producción en masa, los alimentos fueron perdiendo algunas de sus características originales.

El tomate ya no sabe ni huele como antaño. Los duraznos y las ciruelas, tampoco. El amarillo de las yemas de los huevos empalideció. El pollo se tornó insípido. Y la carne está más tierna, pero más grasosa… ¿Qué pasó con la comida? ¿Por qué ya no es lo que era? En todo caso, ¿esto es necesariamente un retroceso?

Existen muchos estudios que indican la perdida de sabor de los alimentos, en especifico el tomate a perdido un 15% de su sabor y no solo eso sino que también bajó su contenido de vitamina C (tiene 17 miligramos menos que hace 30 años) y su nivel de azúcares (del 5,29% pasó a 4,95%).
Las explicaciones pasan por la producción intensiva de carne vacuna, pollo y cerdo, por la biotecnología aplicada a frutas y vegetales, y por el uso de pesticidas, fertilizantes y antibióticos.

Claro que el tomate no tiene el mismo gusto que antes. Ahora comemos tomates que se traen de está a 1.600 kilómetros. Se los saca inmaduros para que maduren en el viaje. Se logran variedades más resistentes, pero menos sabrosas. Algo similar ocurre con las peras y las manzanas que comemos en invierno. Fueron cosechadas en verano y se las deja en frigoríficos.
Sobre la carne vacuna se engorda a corral con granos y balanceados. Tiene menos sabor y es más grasosa, porque son animales que están quietos, no caminan no hay diferencia en los nutrientes esenciales. Sí en el contenido de grasas y en el colesterol.

Con la aplicación de las nuevas tecnologías se perdió calidad y los alimentos obtenidos por esta vía, lejos de beneficiar a la salud, aportan cada vez menos nutrientes.

Por ejemplo, que un peral que antes daba 70 kilos de fruta, hoy rinde más del doble con la selección genética de semillas más productivas y el uso de fertilizantes y abonos. Conclusión: las plantas crecen más rápido y dan peras más grandes (y en mayor cantidad), con gran contenido de agua y menos fibra, minerales, vitaminas y azúcares.

Esta es una de las principales razones del creciemiento de enfermedades, y por ello la necesidad de consumir complementos nutricionales.

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